miércoles, 16 de febrero de 2011

Tritón

Estoy en el trabajo, hace poco empezó a llover torrencialmente y eso por alguna razón impide seguir con las actividades, así que me siento frente a una computadora y comienzo a buscar fotos del Río Uruguay en Google. Una de las imágenes me llama la atención, se trata de un lago confinado entre grandes riscos rocosos; sin ser por la presencia de ese lago el resto del paisaje se ve bastante desértico; escasa vegetación, suelo rojizo y una ruta que pasa cerca de allí es todo lo que se ve mas allá del lago y los riscos. "Esto no es el Río Uruguay" pienso y llamo a un compañero para que confirme mi sospecha:
-No, no es el Río Uruguay. - Responde mi compañero cuando le planteo mi duda.

De repente ahí estoy, el sitio que hasta hace un segundo apreciaba a través de un monitor es ahora mi locación. Se puede ver cierto alboroto a la orilla del lago, hay un montón de vehículos estacionados y gente que apunta hacia el agua. Me acerco al lugar y el motivo del revuelo es evidente, hay un hombre-sirena (habitualmente llamados tritones) nadando y mostrándose frente a los presentes.

Mi punto de vista cambia drásticamente; estoy en las aguas del lago siendo observado por un montón de gente, nadando y mostrándome frente a los presentes. La sensación de libertad que me da el poder nadar a esa velocidad es indescriptible, unos pocos aletazos de mi cola alcanzan para desplazarme metros y metros bajo el agua, pocas veces me sentí tan bien como en ese momento, podría hacerlo por horas... pero no.

Me llevan a un hotel que tiene una especie de estanque acondicionado de forma tal que intenta imitar el lago del cual vengo, pero no se siente ni por casualidad tan bien. Una mujer joven muy atractiva, de pelo rojizo, largo y enrulado, entra al agua conmigo e intenta enseñarme un número de baile acuático que se supone debo hacer con ella en los próximos días para atraer a los turistas. Simulo torpeza y no hago ningún truco bien para no tener que ser parte de ese show.

Frustrada, la muchacha se retira a su habitación y yo salgo tras ella para intentar descansar en un lugar tranquilo. La cola de pez que era mi cuerpo desde la cintura hacia abajo se transforma rápidamente en un par de piernas humanas en el momento que salgo del agua, pero camino con torpeza y caigo sobre una mesa llena de piezas de arte. El dueño del hotel aparece inmediatamente en el lugar y me increpa diciéndome que se dio cuenta que estoy fallando en la coreografía a propósito, aparte de eso piensa que acabo de romper su costosas obras de arte en señal de furia (y no se hasta que punto no tiene razón, porque me sentí muy bien al hacerlo). El hombre enojado me dice:
-Esto solo tiene una solución: prisión colombiana. - Y llama a alguien de seguridad.
Realmente no logro entender de que se trata eso de "prisión colombiana" e intento explicarle al guardia la situación, así que lo llevo hasta la habitación de la pelirroja. Golpeamos la puerta, ella abre y se sienta en el suelo frente a su cama, donde también se encontraba una amiga suya.
-¿Conoce a este hombre? - Le pregunta el guardia.
-No. - Contesta ella con cierto desprecio.
-¡Si me conocés! - Grito descargando la frustración que me provoca el momento.
-Puede ser que lo conozca si. - Dice ahora la pelirroja - Pero de todas formas a vos no te conozco. - Le dice al hombre de seguridad como si no hubiese entendido el papel del uniformado allí.

La situación y la presión me superan en ese instante y salgo corriendo, necesito escapar.

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